La primera década del nuevo siglo representa, sin dudas, el mejor momento de la historia del tenis argentino. El listado de méritos y apellidos ha sido tan amplio que generó un concepto: "la legión". Alrededor del mundo todos saben lo que esto significa, tanto como en nuestro país entendemos el significado y los alcances de "la armada española". Hoy debiéramos buscarle un nombre al dominio serbio. La Serbia tenística es una potencia y su potencial excede largamente los flashes de Novak Djokovic. Superadas las amplias fronteras del N°1 del mundo encontramos a Tipsarevic, Troicki y Zimonjic. Los cuatro son un grupo y funcionan como equipo. ¿Qué más se les puede pedir? Campeones de la Davis, todos ellos exhiben el pasaporte diplomático con que el gobierno les reconoció la gesta de la Ensaladera 2010.
¿Jugará Djokovic con Nalbandián? Lo sabremos cuando los jugadores pisen la cancha. Antes de eso podemos afirmar que su presencia marcará la serie hasta convertirla en inaccesible. Después del partido, en cambio, quizá hablemos de una ausencia que, aunque no invierta el favoritismo, nos permita ver una luz al final del oscuro túnel que representan "los guardias de Belgrado".
¿Jugará Djokovic con Nalbandián? Lo sabremos cuando los jugadores pisen la cancha. Antes de eso podemos afirmar que su presencia marcará la serie hasta convertirla en inaccesible. Después del partido, en cambio, quizá hablemos de una ausencia que, aunque no invierta el favoritismo, nos permita ver una luz al final del oscuro túnel que representan "los guardias de Belgrado".